EL POR QUÉ DE EL BLOGÍGRAFO



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sábado, 24 de junio de 2017

EL MENSAJERO





Puedes escuchar la canción mientras lees.







EL MENSAJERO.


 


Se presentaba de repente,


ocasionalmente al principio,


a diario después,


desprovisto de presencia física,


como un ente incorpóreo.


No había manera de deshacerse de él.


Al principio le rechazaba,


desafiaba sus ataques,


sus ofensas,


sus crueles embestidas;


me hablaba como la voz de mi conciencia


y yo hacía oídos sordos.


Me preguntaba a qué estaba jugando a mi edad,


que qué diablos pretendía conseguir un tipo como yo


inventando un absurdo alter ego


cuando nunca había sabido encauzar


convenientemente mi propia vida,


que como osaba un ignorante sin formación


meterse en utópicas batallas intelectuales


con la derrota como indiscutible destino.


Podía aparecerse a cualquier hora del día,


incluso de la noche


entre cenagosos sueños


de conquistas frustradas.


Era un cabronazo,


pero como todos los cabronazos


hablaba claro.


Me decía que cada vez me quedaba menos tiempo


como para andar desperdiciándolo


en inútiles aventuras


que no conducían a nada.


Y poco a poco fue convenciéndome.


Comencé a escuchar sus palabras


que se transformaron


de alevosas intimidaciones


a sabios razonamientos


cargados de  sólidos fundamentos.


Tuvimos largas conversaciones


tras las que recientemente


terminé dándole la razón,


cuando fui capaz


de entender toda la sensatez


de sus argumentos.


Podría decir incluso


que llegamos a ser amigos,


si es que se puede tener un amigo invisible


lejos de la niñez.


Pero la suya era una amistad perecedera.


Una vez acabado su trabajo conmigo


partió en busca de la conciencia


de otro pobre diablo


con inconsistentes pretensiones artísticas.


Hacerle caso ha sido la mejor manera


de que desapareciese de mi vida,


después de que consiguiese abrirme los ojos


y hacerme ver que las evidencias


demuestran la triste realidad


de mis infructuosos esfuerzos


en busca de progresar.


El olvido y el alejamiento


son la mejor respuesta


que se puede recibir


para poder tocar la realidad.


Vivir por un sueño está muy bien,


vivir en un sueño no es nada recomendable,


por lo que finalmente


debo darle la razón


al puto mensajero de mi conciencia,


digerir toda su sabiduría,


y después de tantos fracasos


de impetuoso pero desatinado bohemio


terminar convencido de una vez por todas


de que ha llegado mi fecha de caducidad,


de que lo más sensato es abandonar


y dejar esto en manos


de los verdaderamente profesionales.


 

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